Fotos de Ricardo Greene
Tema de Peter Vidani
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El cine de horror nos ha enseñado que, a veces, el espacio entre dos mundos se hace más delgado. Lo mismo hacen algunas fotografías.
Canonet QL17 GIII | Khajuraho, India | Octubre 2007

El cine de horror nos ha enseñado que, a veces, el espacio entre dos mundos se hace más delgado. Lo mismo hacen algunas fotografías.

Canonet QL17 GIII  |  Khajuraho, India  |  Octubre 2007

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En buena parte de Asia, lo normal es que amigos hombres anden por la calle tomados de la mano o abrazados y lo raro es ver a una pareja heterosexual demostrando afecto en público.
Canonet QL17 GIII | Khajuraho, India | Octubre 2007

En buena parte de Asia, lo normal es que amigos hombres anden por la calle tomados de la mano o abrazados y lo raro es ver a una pareja heterosexual demostrando afecto en público.

Canonet QL17 GIII  |  Khajuraho, India  |  Octubre 2007

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Caminando una noche por el Mercado de Peces de Hong-Kong, me topé con esta imagen. En el agua, tras el vidrio, nadaban en círculo peces que llevaban marcas anaranjadas en sus costados y labios. Quise saber si eran naturales o habían sido pintadas por...

Caminando una noche por el Mercado de Peces de Hong-Kong, me topé con esta imagen. En el agua, tras el vidrio, nadaban en círculo peces que llevaban marcas anaranjadas en sus costados y labios. Quise saber si eran naturales o habían sido pintadas por los vendedores, pero a falta de un idioma común -peces, chinos y yo-, la incógnita nunca fue respondida y hasta hoy sigue en pie.

Canonet QL17 GIII  |  Hong-Kong, China  |  Octubre 2007

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No soy ni quiero ser un fetichista de la tecnología. No creo que los mejores equipos tomen mejores fotos, creo que los mejores fotógrafos toman mejores fotos. El maestro Hockney, por ejemplo, revolucionó el arte utilizando una cámara baratísima y...

No soy ni quiero ser un fetichista de la tecnología. No creo que los mejores equipos tomen mejores fotos, creo que los mejores fotógrafos toman mejores fotos. El maestro Hockney, por ejemplo, revolucionó el arte utilizando una cámara baratísima y haciendo copias en la común y silvestre Snappy Snaps, una cadena de tiendas que se encuentra en cada esquina de Londres. Eso le bastó para llevar el cubismo a las sales de plata.

Esta convicción se refuerza con el cuerpo de trabajos carentes de contenido, visión o proyecto que dan vuelta hoy por la red, y que sin embargo convencen e hipnotizan por el sólo hecho de haber sido filmados con cámaras HD, como la Canon 5D o 7D. Videos que podrían pasar perfectamente como ‘test shoots’ de la cámara, donde los directores filman jóvenes guapos y chicas de dientes perfectos en ropas trendy, luego incluyen un par de tomas de plantas y juncos, ocupan el fuera de foco hasta dar hartazgo, musicalizan todo con algún grupo islandés y al final reciben los aplausos de una comunidad enfervorizada. 

Todo eso pensaba yo hasta ayer, día en que estuve mirando fotos antiguas y me encontré con esta que publico acá arriba. No es una buena foto, para nada: ni el encuadre ni el foco están perfectos, el balance de blancos anda por cualquier lado, el rango cromático es muy limitado y el contrapicado está en un ángulo incorrecto. Sin embargo, tiendo a pensar que si hubiese sido tomada con una Leica, habría sido una foto interesante. No para colgarla en una pared, pero sí al menos para mostrarla. Ahí, la tecnología podría haberme ayudado a dar un paso más allá. 

Estoy de acuerdo con Van Hattem cuando dijo que “tener una cámara digital te transforma en fotógrafo tanto como tener un microondas te convierte en chef”, pero es cierto que a veces ayuda a preparar el almuerzo del domingo.

Nikon L1  |  Londres, U.K.  |  Diciembre 2006

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Viviendo en Londres, un día se nos ocurrió escapar del frío y la mala comida y tomarnos unas pequeñas vacaciones. Hicimos cálculos, y aunque parezca imposible, nos salía más barato viajar dos semanas en auto por Portugal que quedarnos en la isla,...

Viviendo en Londres, un día se nos ocurrió escapar del frío y la mala comida y tomarnos unas pequeñas vacaciones. Hicimos cálculos, y aunque parezca imposible, nos salía más barato viajar dos semanas en auto por Portugal que quedarnos en la isla, pasajes incluídos. Así que sin pensarlo mucho nos fuimos. Al aterrizar dejamos nuestros bolsos en un hostal y salimos a caminar por Lisboa. Recuerdo que el sol iluminaba todo y nos pegaba en la piel como no lo había hecho por años, que la gente caminaba con ese ritmo pausado de ciudad chica y que sus cuerpos se movían con una cadencia y en una proximidad que se nos hacían felizmente familiar. Nos asomamos a restaurantes que olían a sal de mar y aceite de oliva, y recién al ver niños jugando y gritando en las calles nos dimos de lo invisibles que eran en Londres, seguramente silenciados por la prudencia y las buenas costumbres. De todo, sin embargo, lo que realmente nos hizo sentirnos un poco como en casa fue el escenario con el que nos encontramos al par de cuadras: una vitrina pacíficamente compartida por figuritas de vírgenes y camisetas de fútbol. Aunque ninguna de las dos cosas despertaba particularmente nuestras pasiones, en ese momento fue la mejor bienvenida que podríamos haber recibido: Un trozo de Latinoamérica tras el vidrio.

Nikon L1  |  Lisboa, Portugal  |  Agosto 2007

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… despertamos, y fue como abrir los ojos en un universo paralelo y disfónico, donde las piedras susurraban “Inglaterra”, pero la carne gritaba con fuerza “India!”, “India!”.
Canonet QL17 GIII | Calcuta, India | Noviembre 2007

… despertamos, y fue como abrir los ojos en un universo paralelo y disfónico, donde las piedras susurraban “Inglaterra”, pero la carne gritaba con fuerza “India!”, “India!”.

Canonet QL17 GIII  |  Calcuta, India  |  Noviembre 2007

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¿Cuántos lugares hay a los que uno siempre sueña con volver? ¿A cuántos efectivamente volverá?
Nikon L1 | Yangshuo, China | Octubre 2007

¿Cuántos lugares hay a los que uno siempre sueña con volver? ¿A cuántos efectivamente volverá?

Nikon L1  |  Yangshuo, China  |  Octubre 2007

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Quizás Pascal tenía razón y somos nada si nos comparamos con el todo y somos todo si nos comparamos con la nada.
Nikon L1 | Buenos Aires, Argentina | Febrero 2008

Quizás Pascal tenía razón y somos nada si nos comparamos con el todo y somos todo si nos comparamos con la nada.

Nikon L1  |  Buenos Aires, Argentina  |  Febrero 2008

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Una tarde, caminando por Hong-Kong, pasamos por fuera de este restaurant. Parecía cerrado, pero la puerta estaba entreabierta y dejaba ver un escenario somnoliento, dispuesto para la fiesta. Los manteles estaban limpios y estirados, las sillas...

Una tarde, caminando por Hong-Kong, pasamos por fuera de este restaurant. Parecía cerrado, pero la puerta estaba entreabierta y dejaba ver un escenario somnoliento, dispuesto para la fiesta. Los manteles estaban limpios y estirados, las sillas descansaban somnolientas, las lámparas colgaban con los ojos cerrados y el escenario daba un gran bostezo de luces. Todo aguardaba en silencio las huellas de la noche. Saqué mi cámara del bolso tratando de no hacer ruido y con un click dejamos el lugar.

De las muchas palabras que aún no se han inventado, debiera haber una para la calma antes de la tormenta.

Canonet GIII QL17  |  Hong-Kong, China  |  Octubre 2007

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En Londres es muy común que la gente deje en la calle cosas que ya no usa, para que alguien se las lleve y les vuelva a dar vida. Esta práctica se explica por diversos motivos, como que los departamentos son pequeños, que hay mucho interés en...

En Londres es muy común que la gente deje en la calle cosas que ya no usa, para que alguien se las lleve y les vuelva a dar vida. Esta práctica se explica por diversos motivos, como que los departamentos son pequeños, que hay mucho interés en reciclar, que las familias tienen un alto poder adquisitivo, que existe una cultura de renovar los ambientes según la estación o que los camiones de basura no recolectan lo que no cabe en el tacho. Quizás también hay otros, más complejos de analizar, como la debilidad de los vínculos familiares o la dispersión espacial de las redes sociales. Sea como sea, se trata de una cadena silenciosa de reciclaje altamente efectiva, que puebla el espacio urbano de sillones, televisores, tocadiscos, mesas, juegos, ropa y libros a la espera de nuevos dueños.

Sin ir más lejos, a mí me tocó amoblar gran parte de nuestra casa con cosas recogidas de la calle. Recuerdo especialmente el día en que compramos un escritorio y recién al instalarlo nos dimos cuenta que no teníamos sillas. “Dame 10 minutos”, le dije a Majo convencido. Salí, di dos vueltas a la manzana y volví con un par de sillas en perfecto estado. Unos años después, al dejar Londres, volvimos a ponerlas en la calle, junto a un abrigo, loza, libros y un montón de cachivaches que fueron yéndose de a poco, al ritmo de pasos anónimos. Desde la distancia o el tiempo (esa otra distancia), las vidas y los objetos podrían parecer fijos. Pero sin embargo se mueven.

Nikon L1  |  Londres, U.K.  |  Septiembre 2007